Cuentan que Amytis, la esposa de Nabucodonosor, esta triste desde hace algún tiempo. Ella es una princesa meda, y se crió en montes y colinas exuberantes de vegetación. Esta tristeza disgusta al rey. ¿Acaso no es el más famoso constructor de su tiempo? Enseguida ordena traer grandes piedras, pues los ladrillos utilizados normalmente no resisten bien la humedad. Así, edifica una serie de terrazas escalonadas en las cuales deposita la tierra necesaria y empieza a plantar árboles, flores, arbustos, etc. También construye una máquina semejante a una noria que transportará el agua desde un pozo hasta los jardines para regarlos. En poco tiempo, éstos rebosan de vegetación, y las copas de sus árboles se divisan incluso desde fuera de las dobles murallas de la ciudad. Nabucodonosor ha conseguido crear un aparente monte cubierto de exuberante vegetación. Todo para soslayo y alegría de su amada esposa. Estos Jardines colgantes llegaron a ser una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Algo parecido ocurre en la España de los califas y emires. El palacio de Medina Azahara. Dice la leyenda que fue la favorita de Abd al-Rahman III, Zahra, cuyo nombre significaba "La Flor" quien le sugirió construir una hermosa ciudad extramuros de Córdoba, un lugar magnífico en el que se materializaran el placer, la belleza y el poder, una ciudad que llevaría el nombre de la amada y se convertiría en la "Ciudad de al-Zahra”, la "Ciudad de la Flor de Azahar". Su lujo oriental, fuentes de mercurio, celosías de alabastro y elegancia fueron el asombro de sus visitantes.

También cuentan algunas leyendas que su hijo, Alhakem II, por amor a su favorita cristiana que era originaria del reino de Navarra y que sentía nostalgia de su reino del norte, frío y nevado, mando plantar miles de almendros de flor blanca, para que ella pudiera recordar anualmente el efecto estético de una nevada como las de su añorada tierra.

Otro ejemplo universalmente conocido es el del TAJ Mahal.

La repentina muerte de Mumtaz Mahal al darle su decimocuarto hijo, la favorita del rey Shah Jahan, lo dejo sumido en la más pura desolación. En su memoria construyó el mausoleo de TAJ Mahal, con el que quiso ofrecerle el palacio y la corona que no tuvo en vida. Veintidós años de construcción, pero incluso en sus últimos años, prisionero en el Fuerte Rojo desde donde contemplaba el TAJ Mahal, no fueron suficientes para el olvido.
El río Yamuna, llega a Agra en dirección Norte-Sur, pero en la ciudad describe una curva dirigiéndose hacia el este; y es en este tramo, y cuando ya va a abandonar la ciudad, donde sus aguas reflejan la gran belleza del monumento que se eleva en su orilla derecha: el TAJ Mahal, mausoleo al amor, construido por el “Emperador del Mundo” para su esposa, la emperatriz Aryumand Banu Begam, más conocida como Mumtaz-i Mahal (Perla de palacio)

Palacios de amor. Jardines y ciudades mejoradas y aderezadas con el buen gusto y las ganas de agradar a la persona amada, para las que todo... es poco. Ejemplos mayestáticos de un sentimiento que hace a las personas mejores y no se tenga en cuenta tiempo, trabajo, dedicación, entrega y todo lo que un ser humano pueda dar incondicionalmente.

Pero... si... hay un pero.....

Hay una adivinanza de niños que reza así... “Yo que a los palacios subí, y a las cabañas baje y en todas partes deje memoria alegre de mí... ” La respuesta es el baile, aunque en este caso, la respuesta podría ser el amor.

Hemos subido a los palacios babilonios, Indios y tantos otros que a buen seguro pueblan la geografía de tantos países. Pero si encontramos diez palacios con cimientos fundados en amor, mas que enlasuntuosidad y el lujo,existen millones de cabañas con ese mismo cimiento y con tantas historias de amor como lares.

Y si algo he visto una y otra vez en estos hogares, en estas casas alejadas de los palacios y la ostentación, es que las mejores obras de arquitecturas, los mejores jardines colgantes, las mejores fuentes y celosías, no fueron hechas por príncipes ni reyes, sino por las humildes reinas de estas casas que con su amor de madre, su pasión de esposas, su vida de renuncias, sus cuidados extremos, son las que han levantados monumentos imposibles de edificar materialmente pues sus bases fueron hechas con cosas intangibles que solo puede nacer de un corazón que se gasta día a día, año tras años, sin pedir nada a cambio, salvo, en ocasiones, un reconocimiento a su ardua labor.

No sé si es cierto el dicho mexicano que dice: “el peso de la casa no recae sobre la tierra, sino sobre los hombros de la mujer”

Ellas construyen escaleras de cristal hacia el cielo de sus hijos. Levantan murallas de comprensión para proteger del desanimo propio. Cocinan manjares exquisitos con el ingrediente secreto del amor. Velan las enfermedades y coordinan los asuntos de palacio. Administran, enseñan, juzgan, perdonan, sonríen, callan, lloran y se vuelcan en su casa metro a metro, corazón a corazón.

¿Que merito tiene ante este cotidiano esfuerzo y regalo de amor el tener a miles de sirvientes construyendo jardines o palacios? ¿Cuantos almendros habría plantado el príncipe Alhaken si hubiera tenido que hacerlo él personalmente? ¿Cómo serian los maravillosos Jardines Colgantes si el rey hubiese tenido que cargar las piedras con sus manos y esto, sin dejar de atender a sus otros asuntos como hacen millones de mujeres desde siempre?

Estas cabañas si son verdaderos monumentos al AMOR.

Se que los tiempos están cambiando. Y que la mujer también quiere salir de la casa y competir con el hombre en el terreno laboral y equipararse a ellos.

Pero, creedme, si fuese el hombre el encargado de edificar estos monumentos humildes y amorosos, no seria lo mismo...