
La primavera de los años va dejando en la cara el frescor de las brisas cálidas cuando se va alejando y uno mira, brevemente, tras de si, esos años fugaces como cometas en el espacio de alguna galaxia ya extinguida. La jovialidad de la frescura en la piel aun sin cuartear, y la integra voluntad propia aun no vendida a algún banco o a algún trabajo ladrón de días y de vida...
Nos acercamos al tiempo de la siega y recogemos lo que nunca quisimos plantar. Llevábamos semillas de amistad, de inocencias, de amor, de apreciar los días tibios del otoño ocre y hermoso, sentados junto al rio en su desembocadura. Pero nos fueron robando estas semillas, nos hicieron verterlas en pedregales donde nunca podrían florecer o simplemente, la fuimos echando en el camino para ser holladas y comidas por aves de rapiña.
En vez de ello, plantamos semillas vendidas al alto precio de la libertad personal, al precio del libre albedrío hipotecado en treinta y tantos años, a la presión contumaz de explotadores que se consideran justos y a la enfermedad insaciable que desea conquistarte como su nuevo triunfo.
Es por ello que recogemos la cosecha sin alegría, cansados, ahítos de tanto sinsabor y no llevamos gozo alguno, sino vacío en el corazón.
Miramos a nuestra buena semilla caída en tierra fértil, al hijo que nació del fuego de una hoguera en la noche de aquel verano y del romper de las olas en las rocas, pintando de espuma y sal, la orilla de aquella playa escondida.
Y adivinamos su camino marcado en nuestra experiencia, y vemos clara y diáfana la ruta a seguir, y nos ilusionamos en que él si podrá plantar sus propias semillas nuevas, traídas en sus repletas alforjas aun sin abrir.
Y ello te lleva a no pensar y en seguir, ya no para ti, sino para él. Porque él es tu sonrisa perdida en el fragor de la batalla. Es tu sueño adolescente mirando por sus ojos, es la sensación de vida que, aun hoy, te dibuja una sonrisa en la cara y en el alma. Es el orgullo y la satisfacción de tu compleja vida, aunque no sea rey, ni presidente ni juez. Te bastará con que sea extremadamente feliz.
Pero sabes que el no eres tu... que vivirá su propia vida... pero... te tendrá, siempre que quiera como vigía o faro para que su camino le lleve a recoger frutos deseados y no solo rastrojos yermos.
Decirle, siempre, a cualquier edad, lo que le cantaba de pequeño en su cuna, una canción de una comparsa de la tierra que terminaba diciendo..... “recuerda, que solo están tus padres para darte cariño. Para acallar todas esas bombas, repeler los tiros y apagar el cañón, al pie de tu cuna, rayito de luna, amor de mis amores. Para silenciar al mundo, mientras que tu duermes... mi niño”

He estado todo este tiempo, esperando que volvieras a escribir, y ahora que lo has hecho, me he quedado sin palabras para poder decirte lo que siento ante tu escrito. ¡¡Magnifico!!
Saludos.
Hermoso este post, dulce, conmovedor....seguir por los hijos, luchar para que tengan algo mejor que lo que tuvimos...
Un beso
Marcela
afortunados los que sembraron en tierra fértil
El otoño es mi estación favorita, y mi momento en la vida, pero lo disfruto mucho, más que cuandoa me encontraba en la primavera o el verano, que por cierto, el verano es la estación que menos me gusta, saludos
Muy bonito...pero que muy bonito...pero a mí, el otoño ni fu ni fa...aunque pensandolo mejor...ni tengo la alergía, ni paso mucho frío...ni hace mucha calor...¡ná! que voy a tener que considerar un cambio...
SÉ LO QUE HICISTEIS LA ÚLTIMA SEMANA...
Alguno pensará: mira la listilla esta, a ver con qué nos sale...
Está bien. En concreto NO sé lo que hicisteis el último verano, (las últimas vacaciones) ni el anterior, ni el de antes del anterior pero, seguro que todos hicisteis algo que yo sé: una declaración de intenciones tipo voy a leerme (ahora en serio) Cien años de soledad, tengo que pintar el salón, vaciar el disco duro de mi PC porque lo tengo saturado de peliculas y álbums de música de fulano o mengano, que te descargaste porque alguien te dijo que estaba estupendo y que sólo fuiste capaz de escuchar una canción, que el resto del cd es insufrible pero, no lo eliminas por si acaso...Voy a poner orden entre mis papeles o, voy a terminar de una vez por todas, esa preciosa labor de punto de cruz para tu ahijado, que empezaste el año en el que nació (2004), y que era un regalo de nacimiento...
A ver qué demonios hago ahora con la dichosa labor, con la de tiempo que me llevó, la de horas de trasnoche, puntos perdidos y vueltos a encontrar; de enfrentarme con el dilema de escoger los colores adecuados, los motivos más bonitos, etc, y, a cuatro cochinas letras de acabar, aparqué la labor, y hasta el día...
El verano de 2004 me propuse acabarlo, pero no pudo ser..., el verano de 2005 me impuse terminarlo, pero no fue así. Lo mismo ocurrió los veranos de 2006 y 2007 y, digo yo, ¿qué sentido tiene a estas alturas?
Todos tenemos pendientes tareas, cosas, asuntos, "negocios", contingencias, proyectos, propósitos..., y todos, los arrastramos, verano tras verano, año tras año.
La vida, las obligaciones, las necesidades, las eventualidades de la vida siempre nos hace relegar a un segundo plano todo aquello polvoriento de los cajones, y muchas veces también polvoriento en el corazón o la mente...
Que tire la primera piedra aquel que no haya prometido una llamada a un amigo, un familiar, un ex compañero de trabajo, para quedar y tomar el café de turno, aunque tú, por cuestiones médicas no puedas tomar café.
Cuantas veces ha salido un improperio por tu boca de autocastigo, de "malaje" por no hacer nunca esa llamada, al volver a ver a esa persona a la que la última vez que viste (en el pleistoceno de la historia de tu vida) le prometiste un rato divertido, para cultivar y mimar vuestra relación y, nuevamente esa promesa quedó en el cajón desastre de las tareas pendientes y postergadas hasta "el verano que viene"; y ha
gracias cain - man por añadirme entre tus amigos , será un gusto leerte
Hola Cai-man: Paso por aquí a agradecer tu visita a mi blog. También para decirte que fuí a la casa de Lanusia para responder tu "reto" sobre el puente de Madison. Bien, allí dejé mi respuesta. Y ahora que leo tu post, lleno de ternura por cierto, veo cierta conección entre este escrito y el puente de Madison. Sin egoísmo Cai-man, mi opinión es que nadie debería permanecer "atrapado" (a) en una situación de desamor, ya sea emocional o de trabajo, como en este caso, por sacrificarse a los hijos. Uno tiene que amar lo que hace, Cai-man, y sentirse feliz con su pareja, para no mandarle a los hijos el mensaje equivocado. Al violentar la naturaleza con un sacrificio enorme, que creemos erróneamente justificado, sólo nos llenamos de resentimiento y de frustración. Yo te aseguro, que ese padre o esa madre al primer problema serio que tengan con ese hijo (quién no los tiene), va a reprocharle: "Después de todo lo que he sacrificado por ti, y me haces ésto?". Los hijos son las personas más importantes que existen para los padres, pero de la estabilidad emocional de los padres depende la del hogar. Si los padres son infelices, es muy difícil que le puedan brindar equilibrio emocional y por tanto felicidad a los hijos, sencillamente, porque uno no da de lo que no tiene. Espero no causarte confusión con mis palabras. Un abrazo.