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La Coctelera

Cai man.... el superheroe amigo de Tirititran

15 Diciembre 2007

EMPATIA

Estoy leyendo, (a modo de descontaminacion de restos de un pesado libro de intrigas y muertes en el seno de la iglesia) la obra, El cartero y Pablo Neruda.

He de confesar, que el solo hecho de que aparezca el nombre del poeta en el titulo, ya es motivo suficiente para asomarse a las paginas de esta breve obra, que es como un sorbo de agua fresca entre tantas intrigas y conspiraciones que resecan el animo y el espiritu.

En esta pequeña y profunda obrita, me ha saltado a la vista, como el rojo de una cereza madura, la amistad que surge entre el poeta y el humilde, casi analfabeto cartero. Como, el simple contacto de tan humilde persona ante un gigante de la literatura, impregna al joven de metáforas, visiones poéticas, ruidos inadvertidos hasta entonces, colores detallados y paisajes marinos y marítimos.

Podría decirse, que el cartero sufrió la empatia del poeta, ( Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.)

Estas personas como el poeta, que son capaces de hacernos empatizar con ellos de forma positiva, son perlas blancas entre tanto océano de egoísmos y donde solo priman el interés propio y si es en interés de otros, que revierta de alguna forma en uno mismo.

Por eso, estas perlas, estas personas, estos poetas, estos amores, cuando son hallados, son considerados como un privilegio para los que carecemos de este don y nos sentamos al lado de esta persona para bañarnos en su grandeza de espíritu.

He tenido el enorme privilegio de conocer a algunos / as de estas personas. Seres que te hacían sentir mejor, que como un buen libro, al cerrar sus paginas, te dejaban la esencia viva de sus palabras en tu pensamiento y el animo de su propósito en tu alma.

José Garrido Cuevas (Chiqui). Apenas tres años mayor. Era capaz de despertar esa empatia en todos los que nos acercábamos a él. Él, que había sido carne de presidio, vida de robos y huidas, consumidor compulsivo de todas las sustancia prohibidas y monarca absoluto en su reino personal del YO. Un buen día, un milagro, un cambio total. Sus ojos dejaron la sombra y su boca adopto una sonrisa casi permanente que al recibirte, te contagiaba, como el gran Neruda contagiaba de versos al mísero cartero.

Recuerdo el calor de su casa abierta a todos. El trabajo sacrificado de su compañera, para que los demás, de forma egoísta, nos beneficiáramos de sus consejos, de sus pensamientos de su forma de ver el mundo. De sus desvelos en pos de ayudarnos a conseguir lo que él había recibido. De sus buenas intenciones sin doblez, de su aceptación a los deseos ajenos, de su pacificación en conflictos extraños por el simple hecho de ver triunfante lo justo. De sus sufrimientos y dolores sin queja. De ver menguar la salud de su hija (heredera inocente de los errores progénitos) mientras le enredábamos en cuestiones vanales.

Le rodeaban otras muchas personas que aparentaban esa misma o mayor virtud, pero bastaba rascar un poco la pintura de piedad que le cubrían el exterior, para descubrir, que su fondo era tan oscuro e interesado como uno mismo.

Sin embargo, estos “piadosos” fueron relegando y enfriando su sonrisa, aunque nunca lograron matarla, y mi amigo, fue añorando los jirones de su vida que había dejado en el camino o en las personas que nos habíamos alimentados de ella.

Sin embargo siguió haciéndonos mejores. El asiento a su lado siempre estaba ocupado. Gente muy pobre y gente instruida iban a su casa por esta o aquella razón. Tal vez, la razón era una excusa para adentrarnos en el calor del hogar, de su hogar, del hogar de todos los que lo necesitáramos.

Me sonrío al recordar en el patio de su casa que constaba de dos cuarto y la cocina fuera, y el WC comunal, en ese patio, como decía, mientras él fregaba los utensilios del almuerzo en sustitución de su mujer trabajadora en casas ajenas, como, entre estropajo, fregonas y escobas, hablábamos de cosas irrelevantes para el mundo, que consistía en cambiar de vida, en dejar de correr, de envenenarnos, de mentir, de ayudar, de dormir sin miedos ni ansias, sin dependencias, de familias, de mejorar, de un futuro sin cárceles, de esperanzas y de ilusiones que para la gente común eran procesos de los que apenas preocuparse, mientras que para nosotros era como el retorno a la vida antes despreciada.

El día de mi boda, al terminar la ceremonia, le abrazé (ahora que lo pienso, creo que es al único hombre, aparte de mi hijo, que he abrazado) y sin palabras pero en un lenguaje audible por él, le di las gracias por toda su ayuda y esfuerzo. Mentalmente, le levantaba el brazo como al boxeador vencedor del combate, y le ofrecía esta victoria de mi vida a él, como principal valedor de todo esfuerzo y conquista. Sé que ese abrazo le saldo en gran medida la cuenta que siempre tendré con él.

El bagaje de su vida anterior, le fue cobrando el tributo inexorable que no perdona el tiempo, ni el cambio, ni las cosas buenas realizadas, ni la familia que dejas, ni los asuntos pendientes y los deseos por realizar. Así, la enfermedad, como taxidermista minucioso, le fue clavando sus alfileres hasta dejarlo inerme y como un recuerdo aun vivo en todos los que le conocimos.

El día que le llevé al hospital, me dijo convencido que se veía saliendo de este nuevo embate, se equivocó.

Hicimos turnos para ayudar a su mujer en el cuidado de este gran hombre que todos y cada uno de los que estábamos allí, se lo debíamos pero con muchos, muchos intereses...

Y como el girasol, a la caída de la noche, que siente que su fuente de vida le va dejando, así nos fue dejando, sin quejas, sin reproches con su sonrisa blanca y casi sempiterna.

Neruda le dejó al cartero su poesía, la musicalidad de las palabras escritas. Chiqui nos legó el brillo de su mirada, la inocencia recuperada, el optimismo fundamentado en... el mismo optimismo, el saber que el actuar decentemente si bien no te da tesoros materiales, te graba a fuego en el corazón del prójimo. Tal vez, este fue el evangelio encriptado de Jesús.

Lo cierto, es que echo de menos a mi amigo.

servido por cai-man 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

laluna

laluna dijo

Yo me lei el libro hace unos meses por mandato y obligacion de la universidad y me dolio no habermelo leido antes, paralelamente vimos la pelicula, que aunque no esta a la altura del libro es maravillosa!

Gran obra y como tu misma dices, maravillosa amistad la que surge entre ellos,

Saludos

15 Diciembre 2007 | 08:42 PM

Mario Hidalga Redondo

Mario Hidalga Redondo dijo

Me imagino que estás hablando del titulado "El cartero de Neruda". A mí también me supuso refrescar mi espíritu contaminado por lecturas diferentes.
Saludos

16 Diciembre 2007 | 01:16 AM

Anyrka

Anyrka dijo

De Antonio Skarmeta, Chile.
Es un libro bonito, pk habla de la humildad y, como en las odas de Neruda, de que en las cosas mas simples se encuentran las mas grandes.

16 Diciembre 2007 | 07:21 PM

mujer irónica, a veces

mujer irónica, a veces dijo

"Yo vuelvo al mar envuelto por el cielo,
el silencio entre una y otra ola
establece un suspenso peligroso:
muere la vida, se aquieta la sangre
hasta que rompe el nuevo movimiento
y resuena la voz del infinito.
(...)
-No se muera, poeta."

Estoy segura de que tu particular Neruda siempre quedará en ti, siendo tu baluarte para seguir adelante, hallando, desde tu corazón y recuerdos, la luz y el camino a seguir.

16 Diciembre 2007 | 11:43 PM

Maribel

Maribel dijo

Hola Cai-man
Esta es mi primera visita a tu blog, Pablo Neruda palabras mayores, el cartero o il postinno, como yo conocí ese libro en mi pais, otra maravilla, y más aún tu relato, muy cálido, y tu amigo Chiqui, esté donde esté...siempre estara contigo en tu corazón, que es lo que vale...

Un beso, y me veras seguidito por aca

9 Enero 2008 | 04:29 AM

giverny

giverny dijo

Me gusta lo que estoy leyendo en tu blog compañer@ cocteler@.
Besos!

15 Febrero 2008 | 05:53 PM

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