MADRES
Llego a mí con el corazon roto y en pedazos entre sus manos cerradas.

Lo asia tan fuerte entre ellas, que cualquiera que no se detuviese a sondear su mirada arrasada y reseca, hubiese interpretado esos puños firmementes cerrados, como un claro gesto de hostilidad.

La mire, como se mira a las personas, sin prejuicio alguno.
Y asi lentamente, entre palabras y silencios, entre bromas y verdades, la fui asiendo de sus puños crispados, guardian resoluto de su maltrecho corazon, y poco a poco, aprendiendo a oirla y a interpretarla, sus manos se fueron abriendo, sus dedos dejaron de clavar sus uñas en su carne deseando, con este dolor, no percibir el verdadero dolor de su alma. Asi, dia a dia, palabra a palabra, fue abriendome sus manos y su partido corazon.

Lloraba contemplando cada retazo de su alma en sus manos. Y con el sentir exclusivo de una mujer, fue contandome lo que abatia su animo.

Queria ser madre, y ese don le era negado.
Queria sentir la vida calida en su vientre, creciendo, alimentandose de ella, de sus sueños, de sus esperanzas. De sentirse mujer/madre. De acogerle en sus brazos siendo aun indefenso. De jugar con sus dedos en sus labios hasta lograr una mueca como una sonrisa que le llenara el corazon de henchido orgullo. De ver la cara de su padre al llegar harto de estar harto, y al verle, cambiar la expresion de su cara en felicidad. De sentarse al sol en el parque entre el los juegos y las risas de otros niños. De apretarlo contra su pecho para dormirle confiado. De las noches de loca preocupacion por saber que causaba su llanto y de la tranquilidad beatifica cuando se solucionaba la causa. De vestirle mientras le decia palabras de amor sincero y veia sus pequeños ojazos clavados en ella. De amamantarle de su pecho. De cantarles nanas en las que le decia que era lo mas chiquito, que durmiera tranquilo, que era lo mas bueno y lo mas hermoso.

Asi, poco a poco, enseñandome los fragmentos en sus manos,me fue relatando cada herida, cada deseo insatisfecho que habia convertido en esquirlas diminutas su otrora gran corazon.
Me conto de que su marido no engendraba, Que a ella, una enfermedad le cerceno la cuna de la vida. Que los años habian pasado y era peligroso siendo tan mayor. Que aunque madre una vez ya, no podia arriesgarse a dejar solo a su o sus otro hijo y su papa. Que unas paperas cuando mayor.... Que su trabajo no se lo habia permitido. Que su marido no queria. Que podria nacer mal por genetica familiar. Que los doctores no lo aconsejaban..........

Fui conociendo a todas estas mujeres. Algunas procuraban no pensar en ello. Otras mentian diciendo que no lo deseaban aunque pudiese. Otras guardaban esperanzas....pero a todas, una sonrisa le iluminaba la cara cuando reparaba en un bebe rollizo, en una niña dando sus primeros pasos, en un personajito que le hablaba por favor, en el hijo de su amiga o en la niña de pelo largo que jugaba elegante a juegos de chicos. O se entristecian ante las desdichas de hijos ajenos que no recibian el amor, el cuidado o la educacion que ellas albergaban rebosantes en su interior.

En mi practicidad de hombre, les fui hablando de que la vida era mas. De que sus hijos nacidos recibirian porcion doble de amor, atencion y cuidados. De que debia tomar las cosas como venian. De dedicarse tiempo a ella, a su vida, a su marido o lo que le pudiera hacer feliz. Le hable de viajes a lugares de luz, de libertades.
Asi hablando y oyendo, fui consiguiendo que sus manos no se crisparan al volver a cerrarse sobre su corazon. Que el dolor fuera un apice menos intenso. Me sonreia y asentia, el surco de sus lagrimas aun estaba humedo en su cara. Estoy seguro que no fueron mis palabras las que le aliviaban el tormento, sino mis oidos, despues de haber escuchado y oido todo su clamor que residia en lo mas profundo de su ser como el peso del mundo sobre la espalda de Atlas.
Me miro sonriente, desahogada y en un gesto reflejo, pero tierno y delicado, llevo sus manos suavemente cerradas, hacia su pecho, al lugar exacto donde una vez residio entero su corazon.




mujer irónica, a veces dijo
A veces sólo es necesario un oído amigo, que simplemente te escuche, aunque no pueda hacer nada para solucionar tus problemas; pero ese oído atento, esa persona que "simplemente" te escucha, como tú dices, atenúa las punzadas del dolor; es bálsamo para las heridas que nunca curarán, por mil años que pasen...
La persona que tenga el regalo de atesorar a alguien que le escuche, que le comprenda y que sólo sepa VER en su mirada, es muy MUY afortunad.
La espera mereció la pena, amigo...
Un beso muy especial.
16 Junio 2008 | 11:05 AM