Me sorprende

SONREÍR CON LA ALEGRE TRISTEZA DEL OLIVO
Sonreír con la alegre tristeza del olivo.
Esperar. No cansarse de esperar la alegría.
Sonriamos. Doremos la luz de cada día
en esta alegre y triste vanidad del ser vivo.
Me siento cada día más libre y más cautivo
en toda esta sonrisa tan clara y tan sombría.
Cruzan las tempestades sobre tu boca fría
como sobre la mía que aún es un soplo estivo.
Una sonrisa se alza sobre el abismo: crece
como un abismo trémulo, pero valiente en alas.
Una sonrisa eleva calientemente el vuelo.
Diurna, firme, arriba, no baja, no anochece.
Todo lo desafías, amor: todo lo escalas.
Con sonrisa te fuiste de la tierra y del cielo.
Miguel Hernández
Me asombra el ser humano.
Me asombra el agnóstico convencido que no cree en una justicia divina. En un castigo eterno para sus malas acciones ni en una recompensa gloriosa por sembrar el bien.
Y aun así, pese a su incredulidad, procura llevar una vida recta, moral y justa.
Me asombra el creyente enfervorizado. El que día a día ve al hombre devorar al hombre. Que asiste a la degradación de todo lo ético. Que sufre en sus carnes el oprobio. La injusticia perenne del rico. Y cree convencido que todo es un plan maestro concebido por Dios en el que él tendrá su premio a sus pesares.
Me asombra la mujer que gobierna su casa por designios de una cultura machista e injusta que la condena a trabajos continuos sin retribución alguna. Y aun así, se gasta día a día por ese hogar hermoso y que no son las paredes ni los adornos. Sino que es ella misma. Porque es en ella donde reposan sus seres mas amados.
Me asombra el hombre que un día renuncio a su vida, a su sueño de ser siempre Peter Pan, para alimentar una familia. Y que después de alimentarla bien, procuró darle una mayor felicidad, una mejor educación, una experiencia vital como senda segura donde no hallar tropiezo sus hijos ni sus nietos. Como cada día se levanta antes que el sol, y como si de una comedia griega se tratara, se pone su mascara de amabilidad y deja el calor de su lar para alzarse como muro protector ante los suyos y el mundo para luego, al terminar la jornada lamerse en silencio las heridas que le han producido la contienda.
Me asombra el joven recién despertado a la vida. Sabio en sus propias opiniones y errados en la mayoría. Me asombra como ante el presente violento, el futuro gris oscuro y el pasado azul cielo, se empeñan en vivir la vida hasta la saciedad. Como, pese al miedo ante lo por venir, van caminando paso a paso hacia delante. Como recomponen el corazón roto de amor y como lo vuelven a poner en manos de unos ojos dulces y hermosos.
Me asombran las prostitutas y los seglares. Los violentos y aun más los pacificadores. Los que viven su vida y los que la viven a través de otros. Los honrados delincuentes y los gobernantes sanguinarios. Los que se enamoran otra vez y los que permanecen enamorados...
Pero sobre todo, me asombra del ser humano su capacidad de esperar siempre la alegría. “Esperar. No cansarse de esperar la alegría” “Doremos la luz de cada día en esta alegre y triste vanidad del ser vivo”
Si miras el tronco retorcido del olivo, veras tu alma sufriente en tantos trechos del camino. Aun así, no nos cansamos de esperar la alegría y como esos troncos nos sentimos cada día “mas libres y más cautivos”
Sonreír con la alegre tristeza del olivo...
Nunca dejareis de sorprenderme.
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co-coctelera dijo
Es cierto, es verdaderamente asombroso no cansarse de esperar la alegría, y dorar la luz de cada día.
Gracias... Siempre sorprendes gratamente con tus post, tan llenos de sensibilidad.
13 Octubre 2008 | 10:05 PM